• Aprender de los fracasos: el arte de la sabiduría empresarial

Aprender de los fracasos: el arte de la sabiduría empresarial

 25 noviembre, 2025
Escrito por Antonio Núñez

Artículo publicado en «Capital Humano» el 25 de noviembre de 2025

En los consejos de administración y en los comités de dirección, las grandes decisiones no se juzgan solo por su brillantez, sino por su resultado. Y en ese camino, todos —CEOs, directivos, y también directores de Recursos Humanos— han vivido proyectos que no salieron como esperaban.

El fracaso, palabra incómoda en las organizaciones, sigue siendo uno de los mejores maestros del liderazgo. En realidad, como diría Gracián en su Oráculo manual y arte de la prudencia, no es más sabio quien más sabe, sino quien sabe cosas útiles.

En un entorno donde la información abunda y el tiempo escasea, la verdadera sabiduría consiste en transformar la experiencia —también la adversa— en conocimiento práctico y útil para avanzar.

Vivimos rodeados de métricas, dashboards y cursos online. Pero acumular conocimiento no garantiza saber decidir. Gracián lo resumía con agudeza: «Más cuesta hacerse entender que el saber». El líder prudente no aspira a saberlo todo, sino a entender lo esencial, a separar lo importante de lo accesorio y a traducir el conocimiento en acción.

Los mejores directores de personas que conozco no son los que han leído más teorías de liderazgo, sino los que han sabido aplicar el aprendizaje de un error para rediseñar una cultura, acompañar a un CEO o transformar un equipo. Porque la sabiduría empresarial, como la prudencia, no nace del exceso de información, sino de la calidad de las decisiones.

El foco como forma de inteligencia

Gracián advertía: «El que mucho abarca, poco aprieta». En un entorno donde se celebra la multitarea y la hiperconectividad, el líder prudente aprende a concentrar su energía en lo que de verdad importa. Los RRHH tienen hoy una tarea titánica: gestionar el talento, impulsar la digitalización, promover la diversidad, cuidar la cultura y, además, atraer nuevas capacidades. Pero quien intenta hacerlo todo a la vez, corre el riesgo de diluir su impacto.

En Parangon Partners lo vemos con frecuencia: los líderes más efectivos son los que eligen conscientemente dónde poner el foco. Aquellos que dicen «no» a tiempo, que priorizan el desarrollo de su gente antes que la urgencia del corto plazo, que dedican su energía a lo que genera valor y sentido.

La sabiduría práctica: hacer para entender

Gracián nos recordaba: «No se llega a ser sabio por mucho saber, sino por el uso que se hace de él». Y Confucio lo completaba siglos después: «Vi, y olvidé; escuché, y recordé; hice, y entendí».

Las empresas necesitan hoy líderes que aprendan haciendo, que se atrevan a experimentar, que asuman riesgos y compartan lo aprendido con sus equipos.

He visto a directivos que, tras un error costoso, han convertido ese fracaso en una escuela para toda la organización, creando culturas donde se puede hablar de lo que no funcionó sin miedo a ser juzgado. Esa es la auténtica sabiduría práctica: convertir la experiencia en aprendizaje colectivo.

El autoconocimiento como brújula

Gracián decía: «El verdadero conocimiento no está en saber, sino en saber lo que se puede». En un momento en que las empresas piden resiliencia, innovación y adaptabilidad, conocer los propios límites se vuelve una fortaleza, no una debilidad.

Los líderes sabios no se esconden tras la infalibilidad. Piden ayuda, buscan consejo, se rodean de personas que los complementan. Como decía Churchill, «el éxito consiste en ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo». Esa combinación de autoconocimiento, aprendizaje y energía renovada es lo que distingue a los buenos líderes de los grandes.

Conclusión: del error al 5liderazgo prudente

En una época donde la inmediatez y la exposición pública aumentan la presión sobre los líderes, la prudencia se convierte en una virtud estratégica. Saber detenerse, aprender del error y aplicar el conocimiento útil es el camino hacia un liderazgo maduro, sabio y humano.

Gracián nos lo recordó hace siglos y sigue siendo una guía vigente para quienes gestionan talento hoy: «El saber vivir es el verdadero saber». Porque en el fondo, liderar personas —y liderarse a uno mismo— consiste en eso: aprender a transformar los fracasos en sabiduría.

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